
ISSN-e: 3078-6983
Período: mayo-agosto, 2026
Revista Noesis
Vol. 3, Número 7. (pp. 19-27)
referencia al estado de tensión física, cognitiva y emocional que experimentan los individuos como consecuencia
de la exposición prolongada y la adaptación constante a las tecnologías de información y comunicación. Desde
los primeros estudios sobre tecnoestrés, se ha señalado que la incorporación acelerada de tecnologías en
los entornos laborales no siempre produce beneĄcios inmediatos, debido a que puede generar procesos de
adaptación complejos. Se plantea que las tecnologías pueden convertirse en un recurso facilitador del trabajo,
pero también en una fuente de malestar cuando incrementan la carga cognitiva, la presión temporal o la
necesidad de mantenerse permanentemente conectado [
1].
En el contexto universitario, la transformación digital ha incrementado las responsabilidades asociadas al
uso tecnológico del docente. Además de sus funciones tradicionales de enseñanza, investigación y gestión
académica, los profesores deben interactuar con plataformas virtuales, sistemas administrativos, herramientas
de evaluación digital y canales de comunicación permanente con estudiantes e instituciones. Esta multiplicidad
de demandas puede favorecer la aparición de fatiga tecnológica cuando no existe una adecuada planiĄcación
institucional o acompañamiento para su gestión. Al respecto, se han identiĄcado diversos factores asociados
al tecnoestrés, entre ellos la sobrecarga tecnológica, la invasión tecnológica, la complejidad de los sistemas y
la incertidumbre generada por los cambios continuos [
4]. Estos elementos resultan especialmente relevantes
en el ámbito educativo, donde la rápida incorporación de nuevas herramientas digitales obliga a los docentes
a actualizar constantemente sus competencias. Por su parte, se destaca que la sobrecarga tecnológica puede
provocar un aumento de las demandas laborales al exigir mayor velocidad de respuesta, disponibilidad continua
y adaptación permanente [
5]. En los docentes universitarios, esta situación puede manifestarse mediante
agotamiento, diĄcultades para establecer límites entre la vida laboral y personal, disminución de la motivación
y percepción negativa del uso de tecnologías.
Sin embargo, la fatiga tecnológica no depende únicamente de la cantidad de herramientas utilizadas,
sino también de factores individuales y organizacionales, como la competencia digital percibida, el apoyo
institucional, la autonomía laboral y la existencia de estrategias para gestionar adecuadamente la conectividad.
Por ello, el análisis de este fenómeno requiere comprender la relación entre tecnología, condiciones laborales y
bienestar del do cente. En este sentido, estudiar la fatiga tecnológica dentro de la educación superior resulta
fundamental, debido a que sus efectos pueden trascender la experiencia individual del profesor e inĆuir en
variables organizacionales como el compromiso, el desempeño y la satisfacción laboral.
C. Bienestar digital en docentes universitarios
El bienestar digital surge como un enfoque orientado a comprender la relación equilibrada, saludable y
consciente entre las personas y las tecnologías digitales. A diferencia de perspectivas centradas exclusiva-
mente en los efectos negativos de la tecnología, este concepto recono c e que las herramientas digitales pueden
favorecer el aprendizaje, la comunicación y la productividad cuando son utilizadas bajo condiciones adecuadas.
Desde esta perspectiva, el bienestar digital implica la capacidad de gestionar el uso de tecnologías de manera
que contribuyan al desarrollo personal y profesional, evitando situaciones de dependencia, sobreexposición o
interferencia negativa en otras dimensiones de la vida. Al respecto, se plantea que el bienestar digital no
debe entenderse como la ausencia de tecnología, sino como la construcción de una relación funcional con los
entornos digitales que permita aprovechar sus beneĄcios sin comprometer el bienestar individual [
2].
En el ámbito de la educación superior, el bienestar digital adquiere especial relevancia debido a que los
docentes se encuentran en una posición de constante interacción tecnológica. La planiĄcación de clases, la
comunicación con estudiantes, la gestión académica y los procesos de investigación requieren una presencia
digital frecuente; por ello, desarrollar estrategias adecuadas de autorregulación tecnológica se convierte en una
competencia necesaria para el ejercicio profesional. Desde el enfoque de la ética de la información, se sostiene
que el bienestar en los entornos digitales requiere considerar no solo las habilidades técnicas de los usuarios,
sino también aspectos relacionados con la autonomía, la responsabilidad y la calidad de la interacción con
la tecnología [
6]. Bajo esta perspectiva, las instituciones educativas tienen un papel fundamental al generar
condiciones que favorezcan un uso tecnológico sostenible.
En consecuencia, promover el bienestar digital en docentes universitarios no implica reducir la incorpo-
ración de tecnologías, sino fortalecer las capacidades individuales e institucionales para utilizarlas de manera
equilibrada y consciente [
7]. Esto supone establecer prácticas que permitan regular los tiempos de conexión,
priorizar las actividades digitales según su relevancia y evitar una disponibilidad tecnológica permanente. Una
adecuada gestión del entorno digital puede convertirse en un factor protector frente a la fatiga tecnológica, al
Sillo A. Fatiga tecnológica, bienestar digital y satisfacción laboral en docentes de educación superior
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