Desde las perspectivas teóricas más actuales, la RSU se concibe como un modelo de gestión ética e
incluyente, donde las funciones sustantivas de la universidad se articulan a través del diálogo con las
necesidades del entorno. Esto implica no solo generar conocimiento pertinente [8], sino también fomentar la
participación de todos los actores universitarios en procesos transformadores, especialmente del
estudiantado, cuya formación debe incorporar experiencias significativas de interacción con la realidad social.
Autores como François Vallaeys proponen entender la RSU no como un conjunto de actividades aisladas, sino
como una política institucional transversal que permea la cultura organizacional y promueve la autoevaluación
crítica del impacto universitario en su contexto.
Sin embargo, en la práctica, muchas universidades reproducen un enfoque retórico de la RSU, limitado a
eventos esporádicos, campañas superficiales o informes institucionales desconectados de las vivencias reales
de la comunidad educativa. Esta distancia entre el discurso y la práctica genera lo que algunos investigadores
denominan una "responsabilidad social declarativa", donde se prioriza la imagen institucional por encima de
los procesos educativos transformadores. En este escenario, resulta esencial incluir la voz estudiantil como
fuente de legitimidad y contraste para valorar la coherencia entre lo que la universidad declara ser y lo que
verdaderamente representa para quienes la habitan.
Las percepciones del estudiantado sobre la RSU aportan insumos valiosos para comprender cómo se vive y
se siente el compromiso social en la vida universitaria. Estas percepciones están atravesadas por múltiples
factores: desde la inclusión o exclusión en espacios de participación, hasta el sentido que los estudiantes le
atribuyen a las actividades de proyección social o los contenidos curriculares vinculados con la ética, la
ciudadanía y la justicia social. Escuchar estas voces no solo enriquece el análisis, sino que también permite
identificar brechas estructurales, obstáculos culturales y oportunidades pedagógicas que permanecen ocultas
tras la narrativa oficial.
Por tanto, este estudio se sitúa en una perspectiva crítica de la responsabilidad social universitaria,
reconociendo que su potencial transformador no puede evaluarse únicamente desde indicadores
institucionales, sino también desde la experiencia concreta del estudiantado. Su testimonio representa un
termómetro ético y formativo que interpela las políticas universitarias y alienta la construcción de una
universidad más coherente, democrática y socialmente comprometida.
A. Dimensiones de la RSU y su relación con la percepción estudiantil
Para comprender de forma integral las múltiples aristas que atraviesan la responsabilidad social universitaria
(RSU), resulta útil representarla visualmente desde una perspectiva que articule tanto el discurso institucional
como la experiencia vivida por el estudiantado [9]. La figura 1 propone un esquema conceptual que sintetiza
las principales dimensiones involucradas en el análisis de la RSU, destacando su potencial formativo, las
tensiones estructurales entre el decir y el hacer, y el lugar que ocupa la percepción estudiantil como eje crítico
en la construcción de una universidad socialmente comprometida [10]. Esta representación gráfica no solo
busca ilustrar las conexiones teóricas, sino también invitar a una reflexión más profunda sobre el carácter
transformador, o meramente declarativo, de las prácticas universitarias en contextos reales [11].